22/05/13

Mamá sana, familia sana







            Elizabeth George dice una y otra vez que las mamás somos el termostato del hogar. ¿Te das cuenta de que cuando tú estás contenta las cosas en casa marchan mejor y si te sientes mal las cosas... no marchan? Nuestro estado de ánimo influye en gran manera sobre las personas que nos rodean en nuestro hogar, especialmente en nuestros hijos.

            Déjame decírtelo de otra forma: Si nosotras somos mujeres sanas, vamos a ser capaces de influenciar a nuestras familias para ser sanas también.

            Una mamá sana es el elemento imprescindible para tener una familia sana. Una mamá que busca por todos los medios mantenerse sana en todos los aspectos, es una mamá que está en la dirección correcta hacia ser una mamá a la manera de Dios.

            ¿Cuáles son esos aspectos?

            1. Vida espiritual sana

Hebreos 4:12
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

            Es por mi vida espiritual, por mi relación con Cristo que se sustenta todo lo demás.
            ¿Estás teniendo una vida espiritual sana? ¿Estás orando, teniendo tu tiempo en la Palabra cada día? ¿Estás memorizando versículos? ¿Te estás congregando en una buena iglesia? ¿Tienes comunión con otros cristianos fieles? ¿Participas en algún ministerio? ¿Estás permitiendo que el Espíritu Santo haga tu obra en ti? ¿Que te transforme, que te ayude a crecer? ¿Dejas que la Palabra penetre ante lo más profundo de tu ser? ¿Cómo está tu salud espiritual? ¿Tu vida refleja una vida espiritual saludable?


         2. Emociones sanas

2 Timoteo 1:7
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

            Dominio propio. Templanza. Autocontrol.
             ¿Dominas tus emociones o tus emociones te dominan a ti? ¿Actúas ante una situación o reaccionas? ¿Dejas que tus emociones o tus sentimientos definan quién eres? Quizás estás luchando con la culpa, la envidia, la tristeza, con negatividad... Una actitud sana ante las emociones y los sentimientos pasa por ejercitar el domino propio cada día, haciendo el esfuerzo necesario para conseguirlo.


         3. Pensamientos sanos

Filipenses 4:8
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

            Vuelve a leer el versículo. Vuelve a leer el mandato final... en ESTO pensad.
            Estar sana en cuanto a nuestros pensamientos depende de no dar espacio en nuestra vida a pensamientos que no vienen de Dios, sino del enemigo. ¿Piensas en lo que no fue? ¿En lo que será? ¿En lo que hubiera sido? ¿Crees las mentiras que el enemigo pone ante ti? Voy más allá... ¿Qué llena tu mente? ¿La estás llenando de cosas saludables o de basura, de engaños, de hipótesis, de “y sis”?

         4. Cuerpo sano

1 Corintios 3:16-17
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

            Nuestro cuerpo es un templo santo, apartado para Dios. Somos templo de Dios. Somos morada del Espíritu Santo. ¿Qué estás haciendo para mantenerte sana físicamente? ¿Cómo te estás alimentando? ¿Qué hay en tu nevera, en tu despensa?  ¿Estás ejercitándote? ¿Tienes una rutina de ejercicios, vas a un gimnasio, corres o simplemente caminas para mantenerte en forma? ¿Estás cuidando tu salud, haciéndote chequeos médicos periódicos, cumpliendo con los tratamientos que te mandan?


         5. Tiempo personal sano.

Lucas 6:45
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

            ¿En qué estás invirtiendo tu tiempo libre? ¿Son tus aficiones y hobbies saludables? ¿Con qué estás llenando tu corazón? ¿Estás planificando actividades edificantes, sanas, apropiadas o estás esperando a tener un tiempo libre para llamar por teléfono y contarte los chismes de la semana, investigar perfiles en Facebook o ver programas de televisión que no son adecuados? ¿Estás quitándote horas de sueño y descanso necesarios para tener ese “tiempo libre”?


            La salud de tu familia depende, en gran manera, de ti. Si tú eres capaz de formar hábitos sanos en cuanto a tu vida espiritual, tus emociones, tus pensamientos, tu cuerpo y tu tiempo personal, vas a poder trasladar esos hábitos a tus hijos.

            Sé una mamá sana para tener una familia sana.


            Desafío para esta semana: Haz una tabla con los días de la semana y un horario en el que todos los días tengas por lo menos una hora para ti y una tarde a la semana para hacer lo que te guste (salir de paseo sola, visitar a una amiga, arreglarte las uñas, ponerte mascarillas, hablar por teléfono, tomar una siesta, etc.) En esta misma gráfica marca los días en que has hecho ejercicio. Medita la manera en que te gustaría desarrollarte como persona independientemente de ser mamá y esposa.


            La próxima semana: Esposa vs. mamá


Para ampliar este tema no dejes de visitar:







Contenta en Su servicio,

Edurne




21/05/13

Familias multiculturales






         Hoy tengo el privilegio de contar como invitada del blog a mi amiga y compañera de ministerio en Good Morning Girls, Rosilind Jukic. Ella va a estar hablándonos hoy no solo de los desafíos de integrarse a una nueva cultura, sino también de cómo criar a nuestros hijos en el seno de una familia multicultural.






            Nunca en mis sueños más salvajes podía imaginar cómo es mi vida hoy día.
De alguna forma, pasé des ser una chica que soñaba con casarse con un cowboy Americano y vivir en un lindo suburbio del Noroeste americano a ser una chica casada con un muchacho bosnio y viviendo en Croacia como misionera, criando a dos niños bilingües. Una vida que viene con sus propios desafíos.

            Soy una estadunidense que fue hija de pastor, educada en casa y tuvo una niñez ideal, maravillosa y espiritual. No éramos ricos en cuanto a posesiones, pero éramos muy ricos en amor. Mi esposo es Bosnio/Croata y creció en una parte de Bosnia que hoy en día es considerada República de Serbia. Su ciudad de origen estuvo cercada durante la guerra en los 90 y él y su familia huyeron a pie con lo que pudieron llevarse, pasaron el puente sobre el río Sava y encontraron refugio en Croacia, donde vivieron en condiciones que a mí me cuesta comprender. Al final, el hogar que abandonaron fue destruido para que nunca pudieran volver, así que nunca lo hicieron. El no creció en un hogar cristiano, pero conoció a Cristo como adolescente y todavía ora para que el resto de su familia sea salva.


            Las diferencias culturales entre nosotros son enormes- Nuestros países no tienen ninguna similaridad histórica.

            Hay 7 cosas que hemos aprendido y que nos han ayudado a trabajar a través de los retos que enfrentamos como familia multicultural-


            1. Lleva contigo un pedacito de tu cultura

            No creas que integrarse en una nueva cultura requiere que dejes a un lado todo lo que has conocido y amado. ¿Tienes alguna figurita favorita, un plato que hayas hecho, una foto en la pared de tu hogar, un hobby? Llévalo contigo y hazlo parte de tu nueva vida. Lleva un poquito de “hogar” contigo, te ayudará a crear un sentimiento familiar en tu nuevo ambiente.


         2. No te alejes de los amigos de tu misma cultura

            Este fue un gran error que yo cometí al mudarme de los Estados Unidos a Croacia hace casi 10 años. Hay toda una subcultura de misioneros angloamericanos aquí con los que debería haberme permitido compartir. Pero temía que si compartía demasiado con ellos, nunca me integraría totalmente en mi nueva cultura. Así que permití que el miedo me robara algunas amistadas maravillosas. Hubiera sido una mejor respuesta balancear ambas, en lugar de volverle la espalda a compañeros en el trabajo del Reino.


            3. Identifica partes de tu nueva cultura que puedes adoptar

            Va a haber partes de tu nueva cultura de las que vas a querer apropiarte. Quizás algunas celebraciones, comidas o tradiciones que quieres que sean parte de tu vida personal. Algo que he aprendido a amar son los sándwiches y los perros calientes par desayunar. Hace 15 años lo hubiera considerado asqueroso, pero ahora es normal. También aprendía a hacer comidas tradicionales bosnias y croatas.


            4. Resiste la tentación de comparar las dos culturas

            Esta es un área que ha sido de lucha continua para mí. He aprendido a decirme a mí misma “Croacia no es Estados Unidos”. Comparar las dos culturas sólo traerá descontento, frustración y resentimiento en ti y en tu esposo. Cuanto más tiempo estamos lejos de nuestro país de origen, mayor es la utopía en la que se convierte. Olvidamos rápidamente las cosas que no nos gustaban y magnificamos las que sí. Una de las cosas que encontré particularmente difícil fue comparar los precios. Los precios en Croacia son iguales o más altos que en los Estados Unidos, pero el presupuesto familiar es mucho menor. Siendo una persona frugal por naturaleza, me vi frustrada al tener que gastar mucho por cosas por las que pagaría mucho menos normalmente. Pero, simplemente, tuve que aceptar que las cosas no son iguales en los dos países.


         5. Cría a tus hijos para que sean bilingües

            Esta es, obviamente, una opción que requiere mucha planificación. Para nosotros no era una opción, mis padres no hablan croata y sus padres no hablan inglés. Así que eta vital que nuestros hijos pudieran comunicarse efectivamente en ambas lenguas.

            De toda la investigación que he hecho, la única forma que funciona es que cada padre escoja un idioma y se apegue a él. Mi esposo y yo nos comunicamos en croata, pero él les habla en croata, mientras que yo les hablo en inglés. Nuestros hijos tuvieron una ligera demora para hablar, pero ellos comprenden completamente ambas lenguas por igual. Requiere mucha disciplina y paciencia y hubo momentos en los que nos cuestionábamos si tomamos la decisión correcta, pero al final sabemos que sí por la importancia que esto tendrá en sus vidas más adelante,


            6. Aprende a respetar la cultura de cada uno.

            Una lección muy importante que aprendimos mi esposo y yo fue la de respetar la cultura del otro. El lo hace muy bien. Yo, por otra parte, no siempre he sido tan considerada. Hubo un tiempo en el que hablaba en Facebook de todas las cosas que no me gustaban sobre Croacia: la corrupción del gobierno, el sistema de salud, los errores de los subtítulos en la televisión... la lista sigue y sigue. Por supuesto, le ofendía a él y a otros, porque estaba presentando a Croacia de forma muy negativa ante aquellos que nunca la habían conocido.


         7. Date cuenta de que las familias multiculturales necesitan más gracia.

            Cada matrimonio requiere gracia. En cada matrimonio dos personas vienen de diferentes entornos, estilos de vidas y tienen sus propias ideas de cómo llevar un hogar, cómo hacer la cena y cómo criar los hijos. Pero cuando esas dos personas vienen además de países diferentes, esas diferencias se magnifican y los retos son aún mayores.

            Recuerda que vas a necesitar más gracia y entendimiento para trabajar en esas diferencias. Vas a necesitar más paciencia al abordar los problemas. Vas a tener que tomar compromisos mayores a la hora de aceptar un punto de vista diferente. Y una enorme dosis de humildad mientras tropiezas aprendiendo cómo hacer que todo funcione.

            Y va a funcionar si recuerdas cada día apropiarte de la gracia y el amor interminables de Dios.

            Porque cuando dos personas están totalmente comprometidas hacia el Señor y Su reino y comprometidas la una a la otra, sus vidas serán un testimonio glorioso de Su gracia al unir dos culturas separadas en una celestial.


por Rosilind Jukic


¿Lees inglés? Encuentra a Rosilind en su blog:A little R & R






17/05/13

Mamá extranjera








Ser mamá, por sí solo, es un desafío grande, pero si a eso le añadimos ser mamá en un país extranjero… el desafío se multiplica.

Eso me pasó a mí.

Nací en Cuba pero emigré a los Estados Unidos y cuando llegué estaba embarazada de mi primer hijo, una niña. Como toda mamá primeriza me enfrentaba a la tarea con mucha inexperiencia y también temores.

 Uno de esos temores era criar a mi hija dentro de una cultura diferente que presentaba al mismo tiempo oportunidades y retos que nosotros como padres no habíamos tenido en el país donde crecimos.

Gracias a Dios el idioma no era uno de esos retos, pero sé que lo es para muchas mamás emigrantes donde a veces los hijos tienen que servir incluso de intérpretes en las reuniones con los maestros en las escuelas. Ese fue uno de mis primeros retos: la escuela.

Llegó el momento del preescolar o kindergarten y eso implicaba escoger una escuela. Las opciones que realmente queríamos no estaban a nuestro alcance. Más de una vez fui delante de Dios con mis lágrimas, mis preocupaciones… mis temores por esta decisión.

Todavía recuerdo la primera vez que entré a la actual escuela de mis hijos. Temor resulta una palabra muy escasa para describir mis sentimientos.

El sistema escolar de los Estados Unidos es completamente diferente al de mi país de origen, desde el sistema de calificación hasta la manera en que se manejan los problemas académicos o los conflictos entre los alumnos.  Para colmo, las noticias no ayudan pues la prensa sensacionalista no pierde oportunidad para destacar “todo lo horrible que sucede en las escuelas”. No digo que no suceda, pero no es tan fiero el león como lo pintan y si tenemos en cuenta los miles y miles de escuelas, con millones de estudiantes, entonces nuestra perspectiva debiera cambiar.

Así que matriculamos a nuestra hija en una escuela pública convencidos de que Dios cumpliría su promesa de ser fiel. Y claro, como mamá yo tendría que ser valiente y hacer mi parte en este reto.

De manera que una de las primeras cosas que decidí fue involucrarme en la escuela tanto como pudiera y así lograr entender cómo funcionaban y qué podía hacer yo para contribuir a la mejor educación de mis hijos. Te animo a que hagas lo mismo si eres mamá emigrante como yo y no entiendes muy bien el sistema. {Y si no lo eres, también te exhorto, pues una buena parte del éxito en la formación escolar se le atribuye a la participación de los padres.}  Puedes unirte a la Asociación de Padres y Maestros (PTA), participar en eventos organizados por la escuela, ofrecerte como voluntaria para acompañar a los niños en las excursiones, etc.

Cada curso escolar oramos por los maestros que les tocarán, por sus compañeros de aula, etc. No importa qué escuela les toque ni dónde sea, esto es lo mejor que podemos hacer. Orar y orar más. Y si tienes la posibilidad de aunar fuerzas con otras madres, ¡hazlo!

Además me propuse conocer a otras mamás e ir aprendiendo de ellas y junto con ellas. Hoy algunas de esas primeras mamás son amigas muy queridas y nuestros hijos tienen una linda amistad.

Todavía me queda mucho que andar en este tema de las escuelas pero Dios me ha ido demostrando poco a poco que este detalle de la vida de mis hijos, como todos los demás, también está bajo su control.

La realidad es que ahora el país donde vivimos es el país de nuestros hijos y tenemos que aprovechar todas las oportunidades que nos ofrece, prepararnos como padres para los desafíos que se nos presentan y al mismo tiempo transmitir a ellos nuestros valores, la herencia de nuestra cultura y sobre todo, instruirlos en la Palabra de Dios que es el único método que no falla, independientemente del lugar donde vivamos, seamos extranjeras o no.

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